Revista Sinapsis. ISSN 1390 – 9770
Periodo. Julio – Diciembre 2026
Vol. 28, Nro. 1, Publicado 2026-06-30
more equitable, participatory, and territorially focused public management. Furthermore, the
study highlights the need to evolve toward inclusive collaborative and digital governance models
that complement NPM tools with mechanisms for co-creation and citizen co-responsibility.
Keywords: Public Management, Service Efficiency, Digital Governance, New Public
Management (NPM), Citizen Participation, Municipal Administration
Introducción
La gestión pública ha experimentado una evolución significativa a lo largo del tiempo,
influenciada por la incorporación de diversos modelos administrativos y enfoques estratégicos.
Esta evolución ha tenido un impacto directo en la eficiencia de los servicios que prestan las
instituciones del Estado. En el caso de los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD), como
el de Guayaquil, la necesidad de optimizar los recursos disponibles y garantizar la calidad de los
servicios públicos representa un nivel de gestión permanente, estrechamente vinculado al diseño
e implementación de estrategias institucionales eficaces.
La adopción de modelos orientados a la eficiencia y resultados, como la New Public Management
(NPM), promueven la descentralización, la profesionalización del servicio público y el uso de
prácticas del sector privado en la administración estatal (Moreno y Saldaña, 2024). La importancia
de estos cambios ha sido reconocida en contextos latinoamericanos, donde las instituciones
públicas procuran mejorar su desempeño frente a la creciente demanda ciudadana por servicios
de calidad.
Desde esta perspectiva, la NPM o la Nueva Gestión Pública (NGP), por sus términos en español,
impulsa una forma renovada de administrar los recursos del Estado, enfocándose en atender de
manera eficiente y transparente las necesidades reales de la ciudadanía, a través de un servicio
que prioriza la calidad y la oportunidad en la respuesta, apoyándose en servidores públicos
capacitados que, más allá de cumplir una función, comprenden la importancia de su rol para
mejorar la vida de las personas (Guerrero-Aray et al., 2021).
Durante la década de 1980, la Nueva Gestión Pública, (en adelante NGP) emergió como un
modelo universal de reforma y gobernanza para la administración del sector público y su
implementación ha mostrado resultados dispares, evidenciándose diferencias significativas entre
los países que lograron aplicar con éxito dichas reformas y aquellos donde los intentos no
produjeron los resultados esperados (Pillay, 2015).
La estrategia en la gestión pública se convierte en un componente clave para el desarrollo
institucional. La planificación estratégica, la innovación, el liderazgo organizacional y la inclusión
de tecnologías de información y comunicación (TIC) son elementos que inciden directamente en
la eficiencia de los servicios públicos (Contreras-Jaramillo et al., 2024). Autores como Behar-
Villegas (2021), han advertido sobre los riesgos de ineficiencia y malgasto en administraciones
que carecen de una cultura orientada al resultado y al control de gestión, mientras que estudios
como los de García-Cardenas y Bonilla-Carchi (2020) y Morán-Figueroa y Ayvar-Campos
(2020), destacan que una correcta articulación de estrategias puede mejorar significativamente la
calidad de los servicios prestados por gobiernos locales. Se recalca entonces que, para alcanzar
un sector público eficiente, es fundamental someter cada iniciativa o política pública a un proceso
integral que incluya análisis, planificación, ejecución, verificación y evaluación, a fin de asegurar
que las políticas implementadas produzcan resultados positivos, sean sustentables, factibles y
cuenten con una adecuada capacidad de respuesta (Contreras-Jaramillo et al., 2024).
En muchos países de América Latina, las reformas inspiradas en el modelo de la Nueva Gestión
Pública fueron impulsadas casi exclusivamente por pequeños equipos técnicos altamente
especializados, a menudo externos al servicio público permanente, quienes operaban fuera de la
estructura burocrática tradicional y dependientes directamente del poder ejecutivo (Ramirez
Brouchoud, 2009). Esto significó, que las reformas infundidas en la Nueva Gestión Pública (NGP)
fueron lideradas principalmente por grupos minoritarios de técnicos o asesores externos, en lugar
de ser asumidas por los funcionarios públicos de planta. Este método resultó en la creación de
“enclaves” con autonomía funcional y mecanismos de control distintos, lo cual facilitó una
implementación rápida y tecnocrática. Sin embargo, como argumenta Dargent (2015), estos